3:19 es una buena película no por casualidad.

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Hace unos días saliendo de la premiere en México de 3:19 Nada es Casualidad sentí un gran alivio. Salí satisfecho de encontrar una cinta que no me gritara el final desde la primera hora. Que contara una historia humana de manera ingeniosa y que me hiciera a momentos perder el norte en la brújula emocional.

No que esté harto del cine palomero sino que la oportunidad de hacer una cinta es tan remota que da tristeza ver que el mercado no le permita a los directores hacer algo que no sea un cine formulaico y predecible.

Pero regreso al momento de salir de la sala.

Además de compartir con gusto la experiencia de haber visto la cinta, esperaba no encontrarme a Dany igual que como alguna vez me tocó enfrentar al Negro Iñarritu saliendo de la premiere de “Amores Perros”. No recuerdo exactamente sus palabras pero casi esperaba  que le dijéramos “sí, nos cagamos al verla”.

No que la película no fuera buena pero, por su intensidad, necesitaba de varias horas para digerirla. Atinado mi maestro de cine afirmaba en clase: “es de lo más pendejo salir de la sala con la experiencia a flor de piel y preguntarle a los demás si les gustó la cinta”.

Concluía contundente, “hay que dejarla reposar”.

Pero a diferencia de ése trauma de los noventa me encontré con un Saadia sonriente, seguro de que ha hecho el mejor trabajo posible y que el resultado no se alejó de sus expectativas. 3 años involucrado en el proyecto seguramente construyeron ese amable semblante.

Recordé también como, en una cena de la que nos tocó ser anfitriones, Saadia revisaba mi colección de DVD´s y comentaba: “compartimos muchos de los títulos”. Segundos más tarde reprobaría la presencia estridente de “What the Bleep Do We Know”, DVD que llegó a la casa por recomendación de quien sabe quien chingados y que nunca nos gustó.

“Esa cinta”, lamentó “no tiene nada que ver con las otras”.

Eso es justamente lo que sucede con 3:19 cuando se compara con el entorno cinematográfico comercial.

Para su fortuna (a diferencia de la otra) no tiene nada que ver con las demás.

Se da el lujo de ser geek porque aborda a las obsesiones, pero cuenta una historia. Entiende al amor como la relación entre dos personas pero no apuesta a su eternidad sino a su transición. No hace volar autos por los cielos pero si miradas cachondas, hojas de papel llenas de fórmulas matemáticas y sonrisas sinceras provocadas por personajes honestos.

En unos días llegará un ejército de Autobots y Decepticons a romperle la madre en la taquilla, pero afortunadamente 3:19 tiene algo con que defenderse. Es una cinta que puede permanecer en la memoria por muchos años.

Por eso Saadia, imagino, sonríe tranquilo mientras escucha los pasos de los enormes robots.

Y eso no es ninguna casualidad.