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El hambre en los tiempos de la obesidad.

Llevo casi 4 meses a régimen alimenticio y haciendo ejercicio. Sigo una dieta calórica y hago jogging por lo menos 3 veces por semana (9 kilómetros por sesión).

Pero de toda experiencia lo que más me ha impresionado es esa contínua discusión que tenemos alrededor de la comida. Dicho sea de paso, también de lo mal que estaba acostumbrado a comer.

Hace unos días pasé una temporada con mi madre.Llegada la hora de la comida, repitiendo el ritual con el que fuí criado, me preguntó que bebida quería tomar para acompañar los alimentos. Agua -contesté simplemente. Para mi sorpresa, la viejecita respondió confundida: ¿Nada Más? ¿No quieres un refresco? ¡Te va a caer mal comer y sólo tomar agua! Recordé inmediatamente que durante mi niñez clasemediera era normal tomar grandes cantidades de agua de sabor con azúcar, de Kool-Aid o de refrescos. Nunca agua “natural”.

El fenómeno del agua embotellada comercializada, como no fuera en garrafón, parecía nunca haber llegado a casa.

¿Qué historias se ha perdido mi madre en los últimos 12 años que vivo fuera de casa?

Al parecer muchas: La comida se ha industrializado, los endulzantes de los refrescos ya no son los mismos, mi cuerpo de 39 años retiene la porquería facilmente y el país en el que vivimos ahora está poblado de niños y adultos obesos. A pesar del éxito de Supersize Me y el aplauso para la crítica de Food Inc. cada vez los norteamericanos (incluídos los mexicanos) comemos peor.

Nuestra percepción es que mientras la comida rápida es colorida y divertida (nunca sana), la comida orgánica es un lujo o un desperdicio de dinero.

Mi hija de 8 años no come en Mc Donald´s. Tampoco en ninguna otra franquicia. No le importa lo lindos que estén los juguetitos. Sabe perfectamente que detrás de los coloridos centros de juego, regalos y sonrisas se esconde una industria alimenticia que no ha sabido responder a los cuestionamientos ciudadanos.

Pero aunque sus padres no la lleven a comer ahí, las madres de sus compañeros de clase si lo harán con el pretexto de alguna comida de cumpleaños. En más de una ocasión las madres de sus compañeros se han enojado cuando al preguntarle si prefiere hamburguesa o nuggets, ella simplemente responde: “Nada, gracias”. El resultado de este ejemplo es similar al primer caso expuesto: Madres indignadas con mi hija y por lo tanto con su madre.

Al parecer, nada nos encabrona más que algo le suceda a nuestra comida. La crítica de la misma garantiza ser el preámbulo de una fuerte discusión. Este fin de semana me tocó ir a una reconocida marisquería donde los frutos del mar venían acompañadas de unas deliciosas tortillas recién hechas.

Mi inmediata reflexión fue preguntarme por qué estas regordetas masitas aplanadas, ricas en olor, textura y sabor no eran las mismas tortillas pellejudas, delgadas, insípidas que asemejan más al cartón que a un alimento. Esas que me esperan todos los días en mi refrigerador. Esas no son tortillas por más que se anuncien con ese nombre. Pero esas, están en todos los supermercados. Sucede que seguimos pensando que las cosas no se transforman.

Creemos que tomar Coca Cola es bueno, no sólo cuando se nos baja la presión. Que un Sidral Mundet nos ayudará a componer el estómago. Que una Coca Zero es mejor que una Coca Light. Que detrás de una marca se encuentra el mismo producto que conocimos algúna vez. Y no, no es cierto.

Y mientras las refresqueras encuentran un nuevo producto para los cuenta calorías” (además del agua embotellada) y los restaurantes de comida rápida desarrollan nuevos alimentos más atractivos (pero igual de sintéticos) para los que no tenemos tiempo de comer en casa.

Mientras pesticidas y semillas de diseño genético buscan alargar la vida de los alimentos “naturales”. Mientras nadie se queja de hamburguesas hechas con la carne de más de 200 vacas que caminan encima de sus desechos. Mientras los pollos sufren hormonalmente que todo mundo come pechuga y nadie piernas. Mientras las escuelas han sacado la comida chatarra sólo para ver que los padres se las dan a los hijos en las loncheras.

Mientras tanto… ha llegado la hora de la comida. Provecho!

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Acerca de rickzamo

Locutor, bebedor, admirador, productor, creador, tenedor.

6 Respuestas a “El hambre en los tiempos de la obesidad.

  1. khavez

    Muy buen comentario, y creo que esta frase ejemplifica lo que dices, “actualmente ser cuidar tu figura puede ser mal visto (¿eres gay o que?), pero ser un marranito feliz nunca será criticado”.

  2. michel

    Muy cierto y creo que más en nuestro país donde desde chicos comemos mucha comida frita: en aceite, manteca, mantequilla, etc. Pero como tu dices creo que poco a poco con educación la gente va haciendo el cambio. ASí como tú hija, tengo amigos acá que educán a sus hijos. Felicidades, un abrazo!

    En NY ahora están tratando de pasar una ley contra el uso excesivo de sodio en los alimentos que es algo no muy publicado y que tambien utulizado muchísimo en la producción de alimentos pre-preparados..

    un abrazo!

    • rickzamo ⋅

      Si, en México aún no ponen por obligación todos los nutrientes y se brincan de proporcionar los que no les conviene como sodio o azúcar :S esperemos pronto cambien los fabricantes su mentalidad divorciada del interés social

  3. krmen.men2a ⋅

    wow! unabuena reflexión…gracias y buen provecho!

  4. Evelin

    Excelente reflexion, para recordar todas las porquerias que comemos. Que bien que a tu hija le enseñes desde peque a comer bien sin presion de la mercadotecnia o de la tradicion, como dices de tu mamá. Muchas Felicidades por tus metas alcanzadas en el runner y por ser ejemplo en tu alrededor.

  5. En hora buena Sr. Zamora. Te recomiendo que veas tambien la de ‘Food Matters’. Buenisimo el documental, te abre los ojos super cañon. Tiene mucha informacion comprimida, cada vez que la veo me cae otro veinte, asi como me paso con la de Matrix. Visita: http://www.foodmatters.tv

    Ahora que me acuerdo si quieres hacer reir a tu hija y a la vez educarla checate esta pagina: http://www.themeatrix.com ve los cuatro cortos. Muchas felicidades a ti y a tu family.

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