No comulgo con la escuela de comedia para televisión de Jorge Ortíz de Pinedo/Eugenio Derbez. Tampoco con los Mascabrothers (no los conozco) ni a Jorge Falcón. El humor de todos se me hace pendejo y forzado. De hecho creo fielmente que la comedia es algo que se mueve a un ritmo diferente que la televisión y el radio.

Por eso los grandes comediantes como Richard Pryor (R.I.P.) o John Leguizamo hacen temporadas en teatros, clubes y centros nocturnos que terminan en especiales para televisión de paga y DVD´s.

Siempre he preferido a personas que se toman al humor como un asunto muy serio como Andrés Bustamante (a pesar de que por un momento le apostó a la telepromoción) y a Polo Polo.

Al primero lo conocí en Imagen (grupo radiofónico de México) y pude compartirle mi admiración por su trabajo. Al segundo apenas lo conocí ayer en Dommo, el programa de Tecnología que conduzco con Javier Matuk. 

Polo Polo es una de los pocas personalidades en experimentar con las posibilidades del audio y la animación en línea. Su cercanía con la tecnología está apoyada por el trabajo de su hijo que es diseñador online y de un equipo que desarrolla su página.

Fuera de la grabación me contó como en sus inicios trabajó un año entero sin cobrar con tal de reconocerse en un escenario. Después cuando quiso hacerlo para conocer mundo la avararicia del empresario para el que había trabajado hizo que buscara otros escenarios y terminara por convertirse en un verdadero éxito.

Nunca le gustó la televisión y confiesa que sus mejores chistes se los ha contado la gente.

El viernes podrán escuchar el podcast donde nos acompaña y presenta su proyecto online.

Mil gracias Polo.